Juan Goytisolo: Duelo en El Paraíso

 


Duelo en el paraíso es otra de las novelas que leí en mi adolescencia (ya he releído de aquellas que aparecían en Historia de la Literatura Española:  Epitalamio del prieto Trinidad, Las noches del Buen Retiro y Mi idolatrado hijo Sisí). De todas ellas, es de esta la que menos recordaba. Supongo que entonces no entendí casi nada de ella, probablemente por su estilo. Pero también considero normal olvidar una historia tan “desagradable” como la que Juan Goytisolo nos narra en la que fue su segunda novela.  

Hay un trabajito interesante sobre Duelo en El Paraíso aquí. En él podemos leer que algunas de las técnicas que usa Goytisolo son el raconto, prolepsis y alteración subjetiva del tiempo. Además, los principales personajes aparecen en algún momento como narradores o, mejor dicho, centros de focalización, porque el narrador omnisciente en tercera persona nos describe lo que ven o sienten los personajes.

Es decir, nos encontramos con una novela moderna, en la que no hay linealidad y se ofrecen muchos puntos de vista (algo parecido a lo que encontramos en La noria). Aunque hay seis capítulos, la disposición de los acontecimientos no sigue estrictamente el orden cronológico y, en cada uno de ellos, hay diferentes escenas que suponen saltos temporales y cambios de punto de vista o de focalización.  Si nos encontráramos con solo un puñado de personajes esto no supondría un reto para el lector, pero solo como personajes de cierta importancia tenemos diez: Abel Sorzano, Martín Elósegui, Dora, Pablo Márquez, El Arquero, Arcángel, Quintana, Filomena, Águeda y Doña Estanislaa. De todas maneras, Goytisolo enfrenta claramente dos mundos: el de Abel y Elósegui (la inocencia, el testigo objetivo y comprensivo) y los niños de la guerra (poder, violencia, corrupción).

El título Duelo en el paraíso es muy evocador. En un primer nivel de lectura, alude al luto provocado por la muerte de Abel y al espacio donde transcurre buena parte de la acción: la finca llamada El Paraíso. Sin embargo, los nombres Abel y Paraíso remiten al imaginario bíblico. Asimismo, la palabra duelo puede entenderse no solo como luto, sino también como combate o enfrentamiento. La novela presenta así una lucha simbólica entre la inocencia y la violencia, encarnada por esos «niños de la guerra» que reproducen en su propio mundo las barbaridades y enfrentamientos de los adultos. En este sentido es notable la coincidencia con El señor de las moscas de William Golding, obra publicada en 1954, apenas unos meses antes de la aparición de Duelo en el paraíso en 1955. Aunque es improbable una influencia directa, pues tal y como nos dice el autor al final del libro fue escrito en Barcelona, durante la primavera-verano de 1954, ambas novelas exploran la degradación moral de grupos de niños abandonados a sí mismos.

Todo ello convierte a Duelo en el paraíso en una novela imprescindible de nuestra literatura. Por su capacidad para abordar la guerra y sus consecuencias desde una perspectiva tan poco convencional, por la complejidad de su estructura y por la riqueza de sus puntos de vista, la novela de Goytisolo muestra cómo la narrativa española de los años cincuenta estaba buscando nuevas formas de contar la realidad. Una novela incómoda, exigente y, quizá precisamente por eso, difícil de olvidar cuando se vuelve a ella con la mirada de un lector adulto (eso espero).

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