Ramón J. Sender: Epitalamio del prieto Trinidad

 


Con Epitalamio del prieto Trinidad recuerdo, rememoro, haber descubierto dos cosas: la maldad como protagonista y la desbordante amplitud del Español. Casi cuarenta años después repito sensaciones y sentimientos.

Sender, del que he reseñado alguna de sus primeras obras, Imán, está ya exiliado en México cuando publica Epitalamio. La guerra, la Civil, como a tantos otros, ya le ha mordido con toda su crueldad. Me imagino que la desagradable atmósfera de toda la novela es fruto de aquellas últimas vivencias. Por otro lado, en cuanto al descubrimiento de la inmensidad del español, baste el título como ejemplo.

El prieto Trinidad es el “carcelero jefe” en una isla del Caribe usada como penal. El jefe, cuarentón, se casa con una jovencita de 18 años, la Niña Lucha. Tras el casamiento van a la isla, en donde residirán.  Descubrimos que los presos quieren celebrar junto a su carcelero el acontecimiento, pero el prieto no tiene ninguna gana de fiestas con esa gente y en un momento de tensión mata a dos de ellos. Antes de que pueda pasar la primera noche con la mujer alguien dispara a Trinidad y muere a las pocas horas.  

La muerte del responsable del orden supone que los presos se medio amotinen y empieza una amenazadora lucha entre los partidarios de diversos cabecillas cuyas historias vamos conociendo. Todos tienen un objetivo común: hacerse con la Niña Lucha. Sin embargo, un par de hombres, el maestro y el rengo, deciden ponerla a salvo, ocultarla y sacarla de la isla lo antes posible.


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