M. Delibes: Mi idolatrado hijo Sisí
Tendría unos 17 años cuando leí Mi idolatrado hijo Sisí. En aquel momento supe, o decidí, que para mí leer iba a ser un oficio. Sobre lo que significa leer se ha escrito y dicho mucho. En mi caso, considero una obligación leer algunos títulos; esos libros que suelen aparecer en los manuales de Literatura o se mencionan en otros libros. Así he llenado mi biblioteca de libros que tengo que leer en alguna ocasión. No solo tengo ese tipo de libros, claro. Hay regalos, obras técnicas, referentes culturales, etc.
Mi idolatrado hijo Sisí formaba parte de la colección Historia de la Literatura Española de Orbis, que ya he comentado en otras ocasiones. Por cierto, en ella hay muchas obras que puede ser que no lea nunca (eso es lo que implica empezar y completar colecciones).
Con aquella edad, esta cuarta novela de Delibes me aburrió sobremanera. Ahora, casi cuarenta años después,
la he leído fascinado. En gran parte, supongo, por no repetir aquellas
sensaciones que perduraban todavía en mi. Me lancé a su lectura con cierto
reparo. Esperaba encontrarme un libro denso, de dificultosa lectura. Y sin
embargo, poco a poco me ha ido fascinando. He entendido perfectamente que no me
gustara nada cuando era un adolescente de una edad parecida a la de Sisí en
gran parte de la novela. He entendido que para un chaval adolescente leer sobre
una crisis existencial de un hombre de treinta y siete años, empresario,
conservador, burgués aburrido de su mujer le diga muy poco. Además, ese malcrío
descarado con el que educan, especialmente el padre, al chavalín no creo recordarlo
como algo normal, positivo o negativo. Mis cincuenta y siete años de ahora (como
tiene el padre de Sisí cuando acaba
la novela), me permite entender el núcleo de la novela. Comprender lo que Delibes quiso retratar. Incluso me da la
impresión de que la novela al final no se cierra bien, precisamente porque Delibes era todavía demasiado joven.



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