J.M. Gironella: Un millón de muertos


Cuando terminé Los cipreses no creen en Dios, dudé de continuar leyendo esta trilogía, que se convirtió en tetralogía mucho más tarde...

Algo no funciona en la larguísima novela de Gironella. Y, en la introducción a esta segunda parte, es el propio autor quien explica, sin querer, por qué no funciona. 

"He escrito el libro tres veces, de cabo a rabo, a lo largo de los últimos cinco años. La primera versión consistió en ordenar cronológicamente los hechos y en redactar una suerte de catálogo de horrores. La segunda versión consistió en eliminar lo simplemente anecdótico y en acceder, a través de situaciones lógicas, a la grandeza y a la poesía, que sin duda alguna se encuentran dondequiera que el hombre habite. La tercera y definitiva versión, la más laboriosa, ha consistido en dar a mi libro carácter de verosimilitud."

Es decir, a mí juicio, un producto literario, no una obra literaria. Porque dar verosimilitud a un catálogo de horrores filtrado no parece, por el resultado, la mejor manera de escribir una novela. Eso sí, como fuente de datos, aportados por Gironella, de valor inestimable. 

Por otro lado, es curioso que Gironella critica algunas obras más o menos famosas. 

Un millón de muertos pretende ser una respuesta ordenada y metódica a varias obras escritas fuera de España y que han tenido influencia decisiva sobre el concepto que los lectores de Europa y de América se han forjado de nuestra guerra. Tales obras son: L’Espoir, de Malraux; ¿Por quién doblan las campanas?, de Hemingway; Un testamento español, de Koestler; Les grands cimetières sous la lune, de Bernanos, y la trilogía de Arturo Barca, La Forja, La Ruta y La Llama. Dichas obras, aparte los valores literarios que puedan contener, no resisten un análisis profundo. Parcelan a capricho el drama de nuestra Patria, rebosan de folklore y en el momento de enfrentarse resueltamente con el tema, con su magnitud, esconden el rabo. A menudo, pecan de injustas, de arbitrarias y producen en el lector enterado una notoria sensación de incomodidad.

Sin duda una opinión valiente. 

Volviendo a esta parte, cuesta, también, acabarla y te pierdes con las diferentes vías narrativas por la que deambula el libro. A veces he pensado que era un problema de concentración mío, pero justo ahora que he terminado La ceniza fue árbol, puedo decir que la pérdida del hilo es fruto de la estructura y estilo de Gironella. No obstante, el éxito de esta novela fue de una magnitud sorprendente.

Puede que lo explique que en la última parte parece por fin soltarse Gironella. Los personajes empiezan a mostrar algún cuerpo. Empiezas a creértelos. Y la narración ya no es un mero repaso de hechos. Aparece incluso cierto posicionamiento del narrador, equidistante, porque sí se puede ser equidistante si te posicionas correctamente, a los dos bandos y dejando en entredicho a la mayoría no silenciosa.

! Vaya! Que me ha dejado con ganas de empezar la tercera parte...

"Le dijo que la lucha era tremenda porque se trataba de dos concepciones de la vida. La del «esto es la monda», que conducía a ignorar el sufrimiento, y la del «tengo hambre», que conducía a encerrar en la cárcel a los que habían triunfado."

"A mediodía, la Radio difundió la gran noticia. La paz había renacido en todo el territorio de la nación. Era el primero de abril de 1939. El parte de Guerra, el último, estremeció los espíritus:

EN EL DÍA DE HOY, CAUTIVO Y DESARMADO EL EJÉRCITO ROJO, LAS TROPAS NACIONALES HAN ALCANZADO LOS ÚLTIMOS OBJETIVOS MILITARES.

LA GUERRA HA TERMINADO.

En el Cuartel General del Generalísimo, la escena fue sorprendente. El Caudillo sufría un acceso gripal y trabajaba en su despacho. A media tarde, uno de sus colaboradores entró precipitadamente a verle y le comunicó la noticia dada por el Estado Mayor. «Se han ocupado los últimos objetivos. La guerra ha terminado».

El Caudillo no se inmutó. «Está bien. Muchas gracias», contestó. Y siguió trabajando."

 


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