Azorín: Superrealismo. Prenovela

 


En alguna ocasión he dicho a mi familia que me gustaría morir sentado en la terraza contemplando el jardín en la casa de Gilet, cerca del monasterio de Santo Espíritu. Al sol. Mirando el césped castigado por la climatología, los bojs lastimeros, las yucas reflexivas y las cicas, espero ya altas; si la buganvilla tiene flor, sus flores moradas y si no, su tronco rancio, viejo, retorcido. Y la yedra. Expansiva. Invasora. Protectora. 

Espero que todavía estén los pinos ocultando las montañas de la Calderona, e imaginarme subir, una última vez, por la ladera más escarpada, el rodeno de la Cruz. Si, por suerte, mis hijos me acompañan, preguntarles, con mi último aliento, si recuerdan cuando subíamos aquel camino las tardes de verano. 

Ahora, mirando por el ventanal esos pinos agitados por el viento, me sorprendo acariciando las hojas del delicado libro de Azorín. Me faltan ocho páginas para acabar Superrealismo y me invade la nostalgia del futuro...  Estos párrafos se me vienen a la cabeza y sé que empezaré mi reseña con ellos. Dentro de unos días…

***

Cuando acabé hace un mes Helena o el mar de verano, ya decidí regresar a Azorín. Digamos que la necesidad surgió por volver a la novela lírica. No hay una definición clara de novela lírica; pero si yo tuviera que describirla a un amigo, sintetizaría diciendo: esos rollos que me gustan. Alguna vez me he referido a ellos como novelas literarias; también como lecturas sanadoras. En general son obras en las que la trama está prácticamente diluida. No asistimos a casi nada; no acontece cosa digna de mención. Nos zambullimos en la mente del narrador y nos dejamos arrastrar por su forma de ver el mundo que le rodea. Y en eso radica el interés del libro. Casi siempre, al menos en las novelas a las que me refiero, el narrador es un artista (en muchas, joven). Y como tal, muestra una original forma de describir el paisaje y las gentes; y sus sentimientos y reflexiones.

Superrealismo es una de las mejores novelas de Azorín. Publicada en 1929 debió de ser un referente vanguardista importante. Sigo asombrándome con las novelas de Azorín por su carácter renovador. Está escrita como un doble plano en los que, jugando con infinitivos, presenciamos el plan de un escritor ante la escritura de una nueva obra. De ahí el subtítulo: Prenovela

Durante todo el libro sentimos que el autor nos habla de la planificación de una novela por parte de su personaje. Pero asistimos, o creemos asistir, al viaje que mezcla las dos realidades: la del propio autor, que vuelve a las tierras alicantinas en las que nació, al tiempo que acompaña al personaje que está cavilando cómo se llamará el personaje principal de su novela; qué lugares visitará; qué referentes usará para inspirarse; cuál será el tema o el clímax último de su nuevo libro...

Fascinante. En muchas ocasiones, fascinante. 

El mayor problema de Azorín es que leer un libro suyo es como zamparse un sabroso pastel o un buen plato de tu comida preferida. Uno siempre se queda con ganas de más.

Hay que leer más a Azorín. Y releerlo.

 


Comentarios

Entradas populares