J. Ayesta: Helena o el mar de verano.

 


El otro día bajé al trastero y vi, en uno de mis viejos libreros que allí tengo metidos, este librito que me leí en 2006. Parece mentira, pero la hermosa edición que Acantilado hizo hace ya unos veinte años, misma editorial de la recientemente leída Melancolía de la resistencia, ha sido esta vez el nexo de unión o entrelazado de lecturas. Me parece digno de elogio el buen trabajo que realiza esta editorial.

Ayesta, me atrevo a decir, no es un escritor. Puede que fuera un aficionado escritor.  El hombre gustaba de escribir obras de teatro (algunas) y también cuentos (algunos). Pero, a mi juicio, sin menospreciar su obra, era ante todo, un diplomático.

Y, sin embargo, escribió una de las consideradas “mejores 10 novelas españolas del siglo XX”: Helena o el mar de verano. Una novelita que te ventilas en un par de horas. Una isla en el panorama narrativo de la posguerra española. Quizás por eso llamó, y llama, tanto la atención. 

Bella, lírica. Con cierto humor. Con cierta ambigüedad. ¿Será sarcasmo? ¿Es un retrato fidedigno de la clase media de la época que vivía en Gijón y alrededores? ¿Esbozos cargados de lirismo? ¿Mera afectación?

Ayesta dice en algún lugar que sencillamente quería hablar de ese primer amor que todos hemos tenido. Ese amor que nace un verano y que en el mejor de los casos se vuelve a disfrutar durante unos cuantos veranos más…

Sin lugar a dudas un hito literario de 1952,  año en el que Dolores Medio, de Oviedo, ganó el Nadal con Nosotros, los Rivero.


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