A. Platónov: Dzhan
Si tuviera la (buena) costumbre
de hacer buenas reseñas o, al menos, buenas fichas de lecturas (es decir, si
fuera otra persona), sería capaz de citar los libros en los que me ha surgido la figura de Andréi
Platónov. Pero, como no la tengo, solo puedo decir que aparece citado
abundantemente en La
barbarie de la virtud.
Dzhan (el libro) es una colección de cinco relatos o novelas cortas:
Fro, El regreso, El tercer hijo,
El río Potudán y Dzhan.
¿Por qué Luis Gonzalo Díez lo cita? Porque Platónov fue perseguido y censurado por el régimen comunista casi
desde el primer momento. La caída de la URSS ha permitido su recuperación. ¿Y
cómo es que no lo conocemos desde hace mucho más tiempo si es un escritor bueno
cuya obra ha sobrevivido a la censura y la persecución? Pues porque sus
historias no denuncian directamente al régimen. Si no me hubiera aproximado a Platónov por la obra de Gonzalo Díez creo
que no me hubiera percatado de la fuerza transgresora que tienen estos relatos
en un régimen dictatorial o colectivizado como en el que se escribieron. Porque
los personajes no son perseguidos políticos, no son líderes de ningún intento
subversivo. Solo son mujeres, hombres, niñas y niños. Es decir, personas. Sus
sentimientos son los protagonistas. Y ahí, al mostrar esos sentimientos, nos descubre
el efecto del sistema sobre ellos (y sobre nosotros).
Todos aceptan su cometido social.
Pero el amor, el deseo, en fin, la búsqueda de la felicidad, les hace sentirse también
mal. Y así, actúan, a veces, en contra de las obligaciones para obtenerla. Puede
que el relato (novela corta) con mayor carga política sea el que da título a
esta colección: Dzhan (1935). En este largo relato conocemos a Nazar Chagatayev. Un joven a quien se le
va a dar el cometido de volver a la aldea en donde nació para “salvar” a su
pueblo. Un pueblo que ha perdido la ilusión por vivir y espera la muerte con
tranquilidad. Solo hay un enviado del Estado, el enterrador, que tiene sus ojos
puestos en el día en que enterrará al último de ellos para acabar su misión y
volver a su ciudad. Chagatayev se esforzará en salvarlos y liderarlos en busca
de un nuevo lugar en donde asentarse y construir un futuro de prosperidad y
tranquilidad:
Chagatayev suspiró y sonrió: con su pequeño corazón, la mente estrecha
y el entusiasmo había querido crear allí, por primera vez, una vida verdadera,
en el extremo de Sarí-Kamish, el fondo infernal del antiguo mundo. Pero los
hombres saben mejor qué deben hacer. Bastaba con haberles ayudado a quedar con
vida; ellos mismos encontrarían la felicidad más allá del horizonte…



Comentarios
Publicar un comentario