Dámaso Alonso: Hijos de la ira

 


Leí Hijos de la ira por primera vez en 2006. Hace unas semanas terminé Hasta que empieza a brillar, la interesante novela de Andrés Neuman sobre María Moliner, y uno de los personajes que van apareciendo en sus páginas es precisamente Dámaso Alonso. Como en otras ocasiones, hay libros que nos llevan a otros libros, y esta ha sido una de ellas.

No recordaba muchos detalles de aquella primera lectura, pero sí la impresión que me había dejado: la de una voz airada, angustiada, incómoda. Una voz que parecía no encontrar su lugar en el mundo. Al regresar ahora a sus páginas he descubierto algo que entonces no aprecié. Hijos de la ira no es solo un libro sobre una época. Es, sobre todo, un libro sobre el ser humano.

Publicado en 1944, resulta inevitable relacionarlo con el mundo que acababa de salir de la Guerra Civil y que estaba atento a los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Y es cierto que esa atmósfera de devastación está presente en muchos de sus versos. Pero, al releerlo hoy, más de ochenta años después, me parece que su alcance es mucho mayor. La ira, la desesperación, la incomprensión ante el sufrimiento, las preguntas sin respuesta, la dificultad para encontrar sentido a lo que ocurre a nuestro alrededor... todo eso pertenece a la España de los años cuarenta, pero también pertenece a cualquier época.

De hecho, mientras leía algunos poemas no podía evitar pensar en las noticias actuales. Cambian los nombres de los conflictos, cambian los lugares y cambian las circunstancias, pero sigue apareciendo el mismo espectáculo de violencia, crueldad e indiferencia. Y quizá lo que más impresiona es comprobar que esa sensación de asco y rechazo que transmite el poeta no resulta en absoluto lejana. Observa al ser humano con una mezcla de horror, compasión y perplejidad que sigue siendo reconocible hoy.

Entiendo perfectamente por qué Hijos de la ira ocupa un lugar tan importante en la historia de la poesía española. Pero lo más interesante de su lectura actual es que sigue siendo un libro capaz de interpelarnos. Por eso ha merecido la pena volver a él.

 


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