Dámaso Alonso: Hijos de la ira
No recordaba muchos detalles de aquella primera
lectura, pero sí la impresión que me había dejado: la de una voz airada,
angustiada, incómoda. Una voz que parecía no encontrar su lugar en el mundo. Al
regresar ahora a sus páginas he descubierto algo que entonces no aprecié. Hijos
de la ira no es solo un libro sobre una época. Es, sobre todo, un libro
sobre el ser humano.
Publicado en 1944,
resulta inevitable relacionarlo con el mundo que acababa de salir de la Guerra Civil y que estaba atento a los
acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Y es cierto que esa atmósfera de
devastación está presente en muchos de sus versos. Pero, al releerlo hoy, más
de ochenta años después, me parece que su alcance es mucho mayor. La ira, la
desesperación, la incomprensión ante el sufrimiento, las preguntas sin
respuesta, la dificultad para encontrar sentido a lo que ocurre a nuestro
alrededor... todo eso pertenece a la España
de los años cuarenta, pero también pertenece a cualquier época.
De hecho, mientras leía algunos poemas no podía
evitar pensar en las noticias actuales. Cambian los nombres de los conflictos,
cambian los lugares y cambian las circunstancias, pero sigue apareciendo el
mismo espectáculo de violencia, crueldad e indiferencia. Y quizá lo que más
impresiona es comprobar que esa sensación de asco y rechazo que transmite el
poeta no resulta en absoluto lejana. Observa al ser humano con una mezcla de
horror, compasión y perplejidad que sigue siendo reconocible hoy.
Entiendo perfectamente por qué Hijos de la
ira ocupa un lugar tan importante en la historia de la poesía española.
Pero lo más interesante de su lectura actual es que sigue siendo un libro capaz
de interpelarnos. Por eso ha merecido la pena volver a él.



Comentarios
Publicar un comentario